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SAN BLAS
CUSCO
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San Blas
Un barrio de artistas
A pocos metros de la Plaza de
Armas del Cusco, el "ombligo del mundo inca" (3,326 m.s.n.m.),
se encuentra el barrio de San Blas, hogar de afamados artistas
populares que no se cansan de tejer, esculpir o moldear geniales
creaciones, impulsados por ese halo inspirador que envuelve
las calles serpenteadas, las paredes de adobe maquilladas de
blanco y al célebre púlpito de su centenario templo.
San Blas: calles zigzagueantes y angostas, casitas blancas de puertas y ventanas azuladas, donde geniales artesanos, encuentran el halo inspirador para crear vírgenes chaposas y "santitos" con cuellos delgados y larguísimos como el de las vicuñas o "niños Manuelitos" disfrazados a la usanza de los varayocs, los legendarios alcaldes indios.
Creatividad desatada en un barrio de la ciudad imperial, arribita nomás de la vieja Plaza de Armas o Huacaypata, como la llamaban en tiempos prehispánicos, cuando no se conocían santos en estas tierras y San Blas no era San Blas, sino simplemente un lugar en el empedrado "ombligo del mundo inca", donde moraban los artesanos.
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En este barrio donde las hebras de lana, las champas de arcilla y los trozos de madera se transforman en auténticas obras de arte, las casas ya no son simplemente casas, son talleres, son tiendas, son aulas en las que los grandes maestros comparten sus conocimientos con sus hijos o nietos, quienes aprenden -como jugando- los secretos de la artesanía cusqueña.
Así se prolonga la tradición. De generación en generación en el mismo barrio, en las mismas tiendas-talleres: sombrías, pequeñas, con pisos de madera rechinante o de cemento opaco, pero siempre repletas de santos, virgencitas y niños Manuelitos, de campesinos, músicos y borrachitos de cerámica, de pulseras, aretes y collares de fina orfebrería.
De taller en taller. De tienda en tienda. Curioseando, preguntando, viéndolo todo y... ¿comprando?, "claro, como no, aunque sea un lapicero con cabeza de cóndor o unos guantecitos de lana de alpaca, porque en la noche siempre hace friecito"... ¿Barato o caro?... mmm, quién sabe, quizás sí, quizás no. El arte no tiene precio.
Y en el ir y venir por tiendas y callejuelas inclinadas y estrechas, se descubre el taller de los Mendivil, familia emblemática de San Blas, referente de la artesanía cusqueña desde que el patriarca don Hilario (1926-1977), quien sentía una fascinación por los delgados cuellos de las vicuñas, decidiera perpetuar esta característica del camélido sudamericano en las imágenes de vírgenes y arcángeles.
El cambio no fue entendido al principio. ¿Dónde se había visto que la "mamita" del niño Jesús tuviera un cuello tan largo, tan deforme, tan feo?; pero el tenaz imaginero persistió y así "nacieron" más vírgenes, ángeles y arcángeles con "corazón" de maguey (planta oriunda de México que también se encuentra en los Andes) y de una masa hecha de engrudo, papa y yeso.
Elegantes y chaposas las imágenes de los Mendivil -la señora Georgina y sus hijos aprendieron los secretos del patriarca- siguen oteando el panorama, entreteniéndose con los visitantes de todo el planeta y siempre atentos a las travesuras de los "niños Manuelitos" de Olave, otro de los vecinos notables del barrio de San Blas.
La familia Olave, liderada por don Antonio -fabuloso imaginero y restaurador- moldea con inigualable maestría imágenes del niño Jesús o Manuelito, -como se le conoce en el Cusco- que visten el traje y llevan la vara de mando de los varayocs, los alcaldes de las comunidades andinas.
Un púlpito con historia
Entre tantas vírgenes, niños Manuelitos, santos y arcángeles, como que dan ganas de visitar una iglesia, para charlar con el todopoderoso, sobre todo si se tiene en cuenta que el templo del barrio es el más antiguo de la capital arqueológica de América y ostenta un hermoso púlpito hecho de filigrana y cedro, labrado con espléndida maestría.
El púlpito de San Blas, es una de las más perfectas creaciones del arte colonial. Esculpido hace más de cuatro siglos, su estilo churrigueresco contradice la sencilla arquitectura del templo que lo alberga, el cual fue erigido sobre un santuario Inca al dios Illapa, representado por el rayo, el trueno y el relámpago.
Una sólida estructura de bronce sirve de base al púlpito, en ella se encuentran representados famosos personajes disidentes del dogma católico, como Martín Lutero, creador del luteranismo y reformador religioso en Alemania; y el rey inglés Enrique VIII, responsable del anglicanismo, entre otros.
El antepecho (baranda) y el tornavoz (sombrero del púlpito) también están adornados con una profusa ornamentación, destacando el precioso grabado de San Blas, el patrón del templo, además de otros santos de la iglesia.
La obra del púlpito fue mandada hacer por el obispo Manuel Mollinedo y Angulo a fines del siglo XVII, pero se desconoce quién recibió el encargó y cuánto demoró en cumplirlo, aunque muchos confieren la autoría al famoso tallista quechua Juan Tomás Tuyro Tupaq, un artista leproso.
Versiones distintas señalan a Martín Torres y Diego Martínez de Oviedo. Pero sea quien sea el creador de tan magna obra, de lo que se está seguro es que el cráneo del anónimo tallista, descansa a los pies de la sagrada imagen de San Pablo.
Un barrio y una iglesia. Callejuelas apretadas, hermosas creaciones artesanales, un púlpito deslumbrante. Atmósfera indescriptible arribita nomás de la Plaza de Armas del Cusco.
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