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SACSAYHUAMAN
CUSCO
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Sacsayhuaman
La cabeza del puma
Pensaron que era algo de otro
mundo, porque sus ojos de conquistadores nunca habían visto
muros de esas dimensiones, torres tan enormes, ni piedras tan
gigantescas. Es una obra de demonios, pensaron los primeros
españoles que pisaron Sacsayhuaman, el monumental complejo arqueológico
localizado a sólo 2 kilómetros al norte del Cusco, la capital
arqueológica de América.
Todo era tan extraño, tan enorme, tan perfecto. Piedra sobre piedra, grandes, pesadas, como si fueran pedazos de montañas trasladas por una extraña fuerza; ¿humana?, ¿divina?... no, maligna, "una obra del demonio", dictaminaron horrorizados, absortos, incapaces de formular alguna explicación, los hombres llegados del otro lado del mundo.
La tierra andina no dejaba de sorprenderlos, fastidiarlos y parecerle incomprensible. No era sólo la altura y su escasez de aire, no era sólo el idioma y esa religión que no sabía de cruces, de santos ni de biblias, no eran solos las leyes, sencillas pero implacables en todo el imperio: no mentirás, no robarás, no serás ocioso. Así de simple.
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Eran también esas construcciones. Perfectas, descomunales, indestructibles, ciclópeas, las que intrigaban a los conquistadores, quienes se resistían a creer que esas piedras de colosales proporciones, pudieran haber sido trasladadas por los súbditos del Inca, por los hijos de esa civilización que no conocía la rueda ni tenía bestias de cargas.
Los cronistas de la conquista escribían que ni en los reinos más extraños habían visto fortaleza o castillo más fuerte, hecho de piedra tan grande que ni la más pequeña de ellas podía ser llevada con tres carretas. Ellos, además, estaban convencidísimos que era una fortaleza, porque tenía torres y murallas y qué más iba hacer entonces, comentaban.
Pero los investigadores de estos tiempos, contradicen las sentencias de los viejos cronista y aseguran que Sacsayhuaman no habría sido una fortaleza -sino por el contrario- un monumento religioso erguido en honor al dios Sol, lo que explicaría la preocupación por su diseño y la armonía de sus elementos con el entorno natural.
De lo que no hay duda, es que Sacsayhuaman fue diseñada para causar impacto y respeto entre los pobres mortales; y, también, demostrar el poderío inca, como lo señaló el inca Garcilaso de la Vega, el primer cronista mestizo de la colonia, en uno de sus tantos relatos sobre este monumento prehispánico.
Lo que desconocían los primeros "visitantes" del complejo inca, es que según el trazado de los arquitectos del imperio, la ciudad del Cusco -vista desde lo alto- era un puma de piedra tendido y Sacsayhuaman, con sus torres y muros, la cabeza de este felino en perpetuo descanso.
Secretos de piedra
La historia se repite. Los visitantes -hijos de todas las naciones- no terminan de sorprenderse ante la inusual arquitectura de Sacsayhuaman, que está formada por tres plataformas, las cuales tienen un promedio de 360 metros de largo. Para ingresar a ellas, hay que cruzar tres portadas: tiupunco (tiu=arena y punco=puerta), acahuanapunco y viracochapunco, en honor al dios Viracocha
Si bien las tres plataformas son impresionantemente bellas, la primera es, quizás, la más atractiva, por ser la de mayor magnitud. Sus "ladrillos" de piedra llegan hasta los 9 metros de largo, 5 de ancho y 4 de grosor, calculándose su peso en 36 toneladas.
Igual de impactante es su muro principal, que cuenta con grandiosos bloques de piedra. Se calcula que algunos de ellos podrían llegar a pesar hasta 125 toneladas. De más está decir, que la construcción es impecable y precisa, porque los arquitectos incas, no usaban ningún tipo de argamasa.
Y cómo la historia se repite, los hombres y mujeres que hoy visitan Sacsayhuaman, también buscan respuestas y explicaciones, y quieren saber quien ordenó la construcción, cómo transportaron los bloques, cuánta gente intervino en la obra y... dónde está el guía para que conteste, para que lo cuente todito, las certezas y las dudas, las verdades y las especulaciones.
Su construcción se habría iniciado en el periodo del gran Inca Pachacutec, dice el guía, siempre en condicional, siempre con un poco de duda, porque así es la historia de los hijos del Sol, no muy clara, con sombras, con omisiones, porque ellos no tenían escritura y todo era pura memoria colectiva, fuentes orales, como las llaman los estudiosos.
La obra la habría continuado Tupac Yupanqui y concluido Huayna Capac, comenta y agrega ahora sin condicional -porque esto lo dijo Garcilaso de la Vega-que la construcción demoró 50 años; luego, para concluir, comenta que cerca de 20 mil hombres habrían participado en la ejecución del complejo.
También cuenta que los cronistas describieron en sus textos, la existencia de tres torreones: Muyoc-marca (recinto circular), residencia inca cuyas paredes posiblemente estarían cubiertas con planchas de oro y plata; Sallac-marca (recinto con agua) y Paucar-marca (recinto precioso).
En los años agitados de la colonia, Sacsayhuaman fue ocupada por el inca rebelde Manco II en su lucha contra los españoles, entonces, uno de sus capitanes, llamado Cahuide, decidió arrojarse desde la torre de Muyoc-marca, prefiriendo morir antes de caer en manos de los enemigos.
Hoy, la cabeza del puma, sigue rugiendo a su manera. Cada año sus centenarias explanadas, muros y senderos siguen cumpliendo sus ancestrales propósitos, ser el escenario del ritual más importante de los dioses andino: el Inti Raymi o la fiesta al Sol, la apoteósica celebración inca. Sacsayhuaman sigue vivo. Sacsayuaman sigue sorprendiendo.
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