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TIPON A ANDAHUAYLILLAS
CUSCO
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Tipón Pikillacta y Andahuaylillas
Entre piedras y santos
Cusco, el "ombligo del mundo",
parece ser una fuente inagotable de atractivos destinos. Algunos
muy conocidos: Machu Picchu, Sacsayhuamán, el Valle Sagrado;
otros, no tanto, como el circuito de Tipón, Pikillacta y Andahuaylillas,
una extraña conjunción de restos prehispánicos y españoles,
evidencia de la dualidad cultural de la antigua capital del
imperio incaico.
Tipón, Pikillacta y Andahuaylillas, son los contundentes platillos de uno de los tantos "menús" turísticos que se "cocinan" y ofrecen en el Cusco, con la intención de satisfacer el "apetito" voraz de los viajeros, deseosos de "servirse" todos los atractivos de esa ciudad de raíces prehispánicas, conocida como la "Capital Arqueológica de América".
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Bueno, mejor nos olvidamos de las comparaciones gastronómica -de repente les abrimos el apetito, se van a comer y dejan de leer la nota- y volvemos al Cusco, mejor dicho a la Plaza de Armas, donde un grupo de viajeros, tan disímiles en su origen como los lugares que irán a conocer, se arrellana en los asientos de un vehículo que se zarandea cuando el motor recibe las primeras inyecciones de combustible.
Atrás queda la capital de los incas. Ahora sólo se debe pensar en lo que se viene y escuchar las palabras de la guía, quien dice -a las carreras y en varias lenguas- que Tipón y Pickillacta destacan por sus edificaciones pétreas, sus canales y sistemas de andenerías, mientras Andahuaylillas, es una preciosa iglesia construida por maestros temerosos de los espacios vacíos.
Primera parada: Tipón, un complejo arqueológico en el que el agua discurre desde lo alto del "apu" Patachuán, por extensos canales de piedra labradas de origen inca. El torrente cristalino cae caprichosamente en unas pequeñas fuentes, en las que se habrían realizado rituales de veneración al líquido elemento.
Y como en la historia no hay sólo una versión de las hechos, la guía políglota explica -basándose el investigador cusqueño Víctor Angles Vargas- que el recinto pudo ser la Casa Real de Yahuar Huaca, cuando el inca abandonó el Cusco, ante la cercanía de los ejércitos Chancas, posteriormente derrotados por su hijo, Viracocha, quien debido a su valentía recibió la mascaypacha (la borla del inca reinante).
Esta versión es desestimada por otros estudiosos, los cuales aseguran que fue Viracocha el que abandonó el Cusco ante la presencia del aguerrido ejército invasor, siendo la ciudad imperial defendida con éxito por su hijo Cusi Yupanqui, llamado durante su reinado Pachacutec.
Pero Tipón no es sólo una muestra de los conocimientos de ingeniería hidráulica alcanzados por los Incas, sino también un lugar encantador, que posee un fabuloso sistema de andenes, en los que la tierra sigue dando pródigos frutos.
Construcciones de piedra, canales de regadío, andenes de profusa vegetación. Tipón -en las cercanías del distrito de Oropesa, a 20 kilómetros al este del Cusco- seduce y encanta. Sin duda es buen aperitivo para lo que viene más adelante.
Volvemos al camino. Sólo 12 kilómetros nos separan del Parque Arqueológico de Pikillacta (3,350 m.s.n.m.), un conjunto de construcciones prehispánicas, extrañamente bautizado a fines de la colonia con este termino quechua que significa "pueblo de pulgas". Se desconoce el motivo de la denominación, así como su nombre original.
Inicialmente Pikillacta fue una ciudad satélite de los Wari (siglos VI al XIII d C.) una importante civilización anterior al imperio de los hijos del Sol, quienes asimilaron con gran maestría los logros alcanzados por los Warpa, Nazca y Tiahuanaco. Su dominio llegó, incluso, a las puertas del Cusco, como lo demuestran estas edificaciones desperdigadas en 50 hectáreas, aproximadamente.
Luego de su inevitable debacle, los Wari fueron reemplazados por los Chancas, un pueblo aguerrido que tuvo que enfrentar al emergente imperio de los Incas, siendo finalmente vencidos. Desde entonces, los hombres del Tawantinsuyo dominaron la ciudad, que fue habitada por los "mitimaes", los colonizadores de aquellos días.
En este complejo aún perduran numerosas construcciones Wari, que ascienden a más de 700 edificios, 200 kanchas (patios) y numerosas viviendas de hasta de tres niveles, distribuidas en bloques y calles rectas. Se piensa que en sus días de auge, fue habitada por 10 mil personas.
Hacia el oriente se puede admirar la imponente portada de Rumicollqa, donde los visitantes presentaban las ofrendas que habían preparado durante el transcurso de su vida, ya que el "Pueblo de las Pulgas", era algo así como una antesala de la capital del imperio.
En esos tiempos el Cusco era una especie de "meca" del mundo andino. Visitarla, aunque sea una vez, era cumplir el sueño de toda una vida. El hecho de pisar su venerado suelo concedía al peregrino un estatus superior, tanto así que cuando dos personas se cruzaban en lejanos caminos, quien ya había estado en la capital del imperio, era saludado con excesivo respeto.
Como no traemos nada para ofrendar y siempre es bueno evitar cualquier "venganza" de las divinidades Wari, Chancas e Incas, nos marchamos hacia al modesto poblado de Andahuaylillas (3,100 m.s.n.m), localizado a sólo 36 kilómetros del Cusco. De pronto la guía vuelve a la carga y reinicia sus verborreicas explicaciones, "porque antes el lugar se llamaba Antawaylla ("padrera cobriza" en castellano), pero le cambiaron el nombre a Andahuaylas y como se podía confundir con el de una provincia de Apurímac, se decidió utilizar el diminutivo", concluye agitadísima y casi sin aire.
Más allá de los vericuetos de su bautizo, Andahuaylillas es un rincón andino de fértiles tierras, con gente orgullosa de su hermosísima iglesia, considerada la "Capilla Sixtina de las Américas", por las invaluables obras de arte que adornan y atiborran su interior.
Ya no hay espacio para nada más. Los murales, pinturas y lienzos lo copan todo, con representaciones de historias religiosas como la de San Pablo, que evidencia las técnicas de la reconocida escuela cuzqueña, o imágenes espléndidas, destacando la "Virgen de la Asunción" dibujada en la cabecera del arco principal, cuya autoría se atribuye al español Esteban Murillo.
Parece que nada se escapa a su incesante decorado, ni las bancas, ni el altar mayor, de inconfundible estilo barroco, y, mucho menos, su cielo adornado de figuras geométricas y flores doradas.
Cerca de la puerta y del baptisterio o pila bautismal, se puede leer una singular inscripción: "Yo te bautizo en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén", escrita en los cinco idiomas que se hablaban cuando fue construida: latín, español, quechua, aymara y pukina (una lengua ya extinguida).
No se puede dejar de mencionar los sobrecogedores murales a ambos lados de la entrada, donde se hallan representados el camino profano y lleno de atractivos que conduce al infierno y el virtuoso, pero repleto de vicisitudes, que conduce al cielo.
Los excesivos decorados internos contradicen la extrema sobriedad de la fachada, con su pequeño campanario y sus paredes de adobe. El templo -edificado en el siglo XVI por orden de los jesuitas- se levanta sobre las ruinas de un lugar sagrado para los Incas.
Andahuyalillas: un templo de escondidas maravillas, donde notables artistas han sabido imprimir su arte mestizo. Ah...es tan distinto a Tipón y Pikillacta. Sólo el Cusco puede ofrecer este magnífico contaste entre lo andino y lo occidental. La guía vuelve a arremeter, ya no la escucho. Pretendo conversar con los dioses.
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