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EL PARAISO DE LOS INCAS
CUSCO
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Santuario Histórico Machu Picchu
El paraíso de los incas
En 1983, la UNESCO declaró a la
ciudadela de Machu Picchu como Patrimonio Cultural y Natural
de la Humanidad, reconociendo no sólo el valor de las hermosas
construcciones incas erigidas en el valle del Urubamba, sino
la importancia de su ecosistema y de su variadísima fauna y
flora, con especies únicas en su género y otras en vías de extinción.
Un singular mundo de vida silvestre rodea las espectaculares
edificaciones de los hijos del Sol, localizadas a 112 kilómetros
del Cusco.
Es una maravilla del hombre y una joya de la naturaleza, donde cada muro y andén revestido de verdor, conjuga con la inacabable exhuberancia de la ceja de selva, como si fuesen parte de un todo, de una compleja armonía de caminos empedrados, orquídeas cautivantes y paredes que dan la impresión de ser un decorado más de la montaña.
Todo encaja a la perfección. Como si la flora, la fauna y las construcciones de piedra, fueran las piezas de un inmenso rompecabezas, armado en complicidad por la paciencia infinita y creadora de las huacas andinas (los antiguos dioses de la altura) y la destreza arquitectónica de esos hombres de la altura, que se proclamaban hijos del Sol.
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Quizás parezca una exageración, quizás se pueda pensar que se trata del delirio de un cronista afectado por el soroche (mal de altura); pero no es así, en Machu Picchu uno llega a pensar que cada piedra creció a la par de la sorprendente vegetación que rodea e invade la magnífica ciudadela inca, edificada en la cima de una montaña flanqueada de precipicios (2,400 m.s.n.m.)
Aquí todo seduce. Las impactantes construcciones de piedra, la pétrea sencillez de los muros, la energía del Intihuatana o reloj solar; los caminos incas que bordean abismos, cruzan abras altísimas o coquetean con el cauce del río y esa extraña geografía que conjuga los matices andinos con la avalancha verde de la selva.
Machu Picchu: historia y naturaleza. Arqueólogos que tratan de develar los misterios del pasado -qué inca la mandó a edificar, fue una ciudad, un templo, quién la habitó-; naturalistas que se pierden en el bosque en busca de especies de flora y fauna, algunas únicas en el mundo, otras en peligro de extinción o en situación vulnerable.
Y con el objetivo de cuidar tanta belleza, el estado peruano formó en 1981 la unidad de conservación del Santuario Histórico Machu Picchu, para preservar su riqueza natural y cultural. Esta última incluye, además de la famosa ciudadela, a los 34 complejos arqueológicos localizados en el camino inca. El área total de la zona es de 32,592 hectáreas.
Dos años después, la UNESCO declaró al santuario como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, para proteger su complejo medio ambiente que reúne 10 zonas de vida y más de una especie endémica.
Tierra de orquídeas
Hay quienes dicen que Machu Picchu es el "paraíso de los botánicos" por su exuberante y variada flora, cortesía de la accidentada geografía y los diversos pisos ecológicos que oscilan entre los 1,727 m.s.n.m a nivel del río Urubamba y los 6,271 m.s.n.m. en la cumbre del nevado Salcantay.
Son deliciosas las vistas de los caminos con añosos árboles de alisos (Alnus jorullensis), pisonay (Erythrina falcata) y queñuales (Polylepis racemosa), que dan cobijo a numerosas plantas epifitas, además de begonias, bromelias y helechos.
Pero en estas tierras uniformadas de verde, las orquídeas -con su incomparable belleza- parecen ser coloridos lunares que rompen la monotonía cromática del bosque espeso y enmarañado.
Machu Picchu es la tierra de las orquídeas. Existen cerca de 30 géneros y 200 especies que florecen alternadamente en el transcurso del año, tanto en zonas abiertas como en medio de la espesura de sus bosques.
Lo lamentable es que el peligro de la extinción amenaza a algunas especies, como la hermosa waqanqi (Masdevallia veitchiana) que en quechua quiere decir "llorarás", una hermosa orquídea de encarnado color y una de las más identificadas con Machu Picchu. Otra es la wiñay wayna (Epidendrum secundum) o "siempre joven" por florecer durante un largo período.
En el santuario existen otras flores hermosas, como la "flor de iris"
que se encuentra en las laderas de los caminos; no hay que confundirla con la ortiga que también es amarilla, pero cuya belleza es engañosa, porque al tocarla expele ácido fórmico, produciendo un molestoso escozor.
De aves, osos y reptiles
El Santuario Histórico Machu Picchu cobija importantes especies de fauna, como el oso de anteojos (Tremarctos omatus), el curioso pudú (Pudu mephistopheles), un pequeño venado de 30 centímetros de alto, ambos en peligro de extinción; y el inquieto gato montés (Felis colocolo).
Quizás las aves sean las más numerosas. Se han registrado 375 especies, entre ellas el gallito de las rocas o tunki (Rupícola peruviana) -el ave nacional-, los majestuosos cóndores (Vultur gryphus) -los carroñeros más grandes del mundo- o el colorido cucarachero inca (Tryothorus eisenmannii) que sólo habita en esta zona.
Hay más animales que ver en Machu Picchu. Quizás disfrutar de los brincos y saltos de diversos géneros de monos, como el Cebus sp., Saimiri sp. y el Lagothrix sp., este último en peligro de extinción; o sentir espanto ante reptiles excesivamente venenosos, como el jergón bothrops (Bothrops atrox) o la coral micrurus (Micrurus sp.).
Más inofensivos y numerosos son los insectos, otro de los grandes atractivos naturales del santuario. Sus hermosas mariposas de vivos colores son la mejor muestra de ello, habiéndose encontrado alrededor de 400 especies.
No hay dudas. Visitar Machu Picchu es una grata aventura, no sólo por el indescriptible espectáculo que ofrece sus perfectas construcciones de piedra, sino también por sus paisajes hechos de sierra y de selva, lo que le añade un atractivo más a su mágica belleza.
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