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CHOQUEQUIRAO a MACHU PICCHU
CUSCO
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VERSION EN INGLES
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De Choquequirao a Machu Picchu
Aventuras en las tierras de los Incas
Una inusual aventura en los caminos
del Sol. Días de peregrinaje, de ascensos y descensos, de conversaciones
al borde del vacío, de andar fatigado en busca de Choquequirao
y Machu Picchu, dos monumentales construcciones de la época
inca, localizadas en el departamento del Cusco, allí donde los
andes se encogen, se achican, se ponen calurosos. Se transforman
en selva.
Nada es igual. Ni las montañas, ni los nevados, ni la niebla cerrada del amanecer, menos las titilantes estrellas noctámbulas; tampoco los ríos, ni siquiera el cansancio es el mismo en estas sendas de aventura; quizás lo más parecido sea el asombro, la expectación y las ganas de continuar, aunque ya no se sientan las piernas.
Caminar y conversar, caminar y descubrir, caminar y nunca llegar. Los incas y su obsesión de vivir en los cerros, te quejas con ira contenida, cuando mueren las charlas al paso con los eventuales compañeros del camino o se apagan las palabras con aroma de hoja de coca de los curtidos arrieros y enjutos porteadores.
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Días y noches en la ruta de los incas. Piedra sobre piedra en parajes agrestes pero particularmente hermosos. Construcciones fabulosas en lugares impensados y casi inaccesibles, a los que hay que llegar a pesar de las kilométricas distancias, a pesar de los demoledores ascensos, a pesar del soroche que merodea y se esconde a miles de metros sobre el nivel del mar.
Se extinguen los senderos de piedra en un día de cielo tristón y apesadumbrado. Mala suerte, el sol duerme y tiene pereza de desprenderse de las frazadas de nubes que lo abrigan, opacando el último día de una travesía fascinante pero agotadora; ensombreciendo los pasos finales de un periplo asediado por anécdotas y recuerdos.
Sí, son los pasos finales de una ventura inédita en la inmensidad de los Andes: Del último bastión de la resistencia inca -con sus preciosos andenes, sus pequeños barrios y su extensa plaza Principal- a la ciudad perdida de colosales paredes de piedra unidas a la perfección, que nunca fue descubierta por los conquistadores españoles.
De Choquequirao a Machu Picchu: Más de 100 kilómetros por caminos quebradizos que bordean y se alejan de ríos invencibles -capaces de surcar el mundo entero- 8 días de andar, oteando la abrumadora majestuosidad de lejanas cimas de nieve o las siluetas de una cadena de montañas, que va tiñéndose de verdor.
Vendaval de recuerdos
Caminata a Choquequirao (3,085 m.s.n.m.). 60 kilómetros de ida y vuelta. Cuatro días de fatiga que se inician en Cachora, un pueblo microscópico que apenas si figura en los mapas del departamento de Apurímac. Andar constante. Subidas y bajadas. Un río invencible capaz de horadar la faz del planeta, para crear un profundo cañón. El sol es un verdugo que aniquila las energías.
Amaneceres sombríos. Se viene abajo el campamento. Surgen las primeras conversaciones, se dan los primeros pasos. Las piernas duelen, ya no dan más, no van a resistir. Calambre, gritos, pedidos de auxilio. Falta agua. Te recuestas en un montículo de tierra. ¿Quién te ayudará en estas soledades de altura y verdor? El lomo de una mula sirve de ambulancia.
Retorno al ombligo del mundo andino: el Cusco. Descanso en la vieja capital del Tawantinsuyo, para recuperar las fuerzas perdidas en la búsqueda de la "Cuna de Oro" (del quechua chuqui K'iraw), monumental obra arquitectónica edificada en lo alto de una montaña del Valle del Vilcabamba, que sirvió de refugio a las tropas de Manco Inca, derrotadas por las huestes españolas allá por 1536.
Día de vagabundeo en las calles mestizas del Cusco. Con sus construcciones mitad inca, mitad española. Largos paseos por veredas delgaduchas y sombrías tiendas-taller, que cobijan santos de cuellos alargados y mantas infartadas de color, típicas de San Blas, un barrio de artistas, un barrio de creadores que perennizan la sensibilidad de los hombres del ande.
El relajo se acaba al segundo día. Otra vez la mochila al hombro. Salida hacia Piskacucho en el kilómetro 82 de la vía férrea Cusco-Aguas Calientes, donde se inicia el Camino Inca que conduce a Machu Picchu. Un nuevo reto de más de 40 kilómetros. Aquí no hay mulas que "curen el agotamiento", pero el agua sobra y el sol parece calentar menos.
Ya recorres el Capac Ñan -así bautizaron los hijos del Sol a la telaraña de senderos empedrados que trazaron en su territorio- una de las rutas de trekking más famosas del mundo, por eso hay gente de todas las razas y porteadores cargados con mil y un objetos; entonces, sientes cierta nostalgia por la soledad que, en algunos momentos, te persiguió en el camino a Choquequirao.
Similares y distintos, vuelves a pensar. Porque Choquequirao, el otro Machu Picchu, como le dicen algunos, es aún un complejo arqueológico ignorado, un lejano reducto de la historia apenas investigado, mientras que la fabulosa ciudad perdida de los incas, se ha convertido -desde que fuera hallada por el norteamericano Hiram Bingham en 1911- en el atractivo turístico más visitado del Perú.
Cada paso una comparación. El camino a Choquequirao es muy rústico y se debate entre cerros abruptos y precipicios atemorizantes; el de Machu Picchu presenta larguísimas franjas y escaleras "tapizadas" con lajas de piedra y durante el trayecto, se pueden visitar los importantes restos arqueológicos que anteceden a la colosal ciudadela.
Las comparaciones siempre son odiosas. Mejor olvidarlas, mejor continuar en la ruta, total, ya estás llegando, total, ya estás viendo las magníficas construcciones de piedra. ¿Machu Picchu o Choquequirao? Caminos distintos, historias distintas. Termina la aventura, se inicia la contemplación. Los andes se han achicado. Ya son selva.
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