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EL TRIUNFO RESTAURADO
CUSCO
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EL TRIUNFO RESTAURADO
Escribe: Lissete Herrera C.
Fotos: La República
Cusco, conservaciones en la catedral
A mediados del mes de mayo de 1536 la Wagaypata -actual Plaza de Armas del Cusco- era un polvorín. La rebelión de Manco Inca estaba en su apogeo. Miles de indios armados con hondas, macanas y armas españolas, asediaban a 86 godos guarnecidos en el Sunturwasi, -casa de los emblemas donde se estaba construyendo la catedral. El miedo se acabó: cansados de los abusos y con la certeza de que los conquistadores no eran enviados de Dios ni nada por el estilo, las huestes del último inca estaban decididos a expulsar a los españoles de todo el Tawantinsuyo. La historia lo recordaría como una de las más feroces rebeliones indígenas en todo el imperio hispano.
Ocho batallones de soldados españoles e indios aliados enviados desde la Ciudad de los Reyes se habían quedado en el camino, aniquilados por los sublevados. Incluso, las tropas de Manco Inca se dieron el lujo de atacar la recién fundada capital descendiendo del cerro San Cristóbal a los gritos de "A la mar, barbudos".
En el Cusco, mientras tanto, el 17 de mayo se produjo una cruenta batalla en la que murieron treinta españoles. Las piedras incandescentes lanzadas con las hondas incas incendiaron los techos de paja del Sunturwasi y, cuando ya todo parecía perdido para los peninsulares, obró el milagro: del cielo descendió la Virgen María y con "grandísimo resplandor y hermosura" cubrió con su manto a los españoles haciendo llover hasta apagar el incendio y dejando caer un polvillo que encegueció a los indios rebeldes.
Desde entonces, los conquistadores decidieron erigir una iglesia para conmemora el milagro y la llamaron El Triunfo, símbolo uno de los acontecimientos históricos que definió la permanencia española en el Perú.
462 años después, más precisamente el miércoles 13 de mayo de 1999, otro grupo de españoles del Patronato de la Telefónica y las autoridades peruanas celebraron otro triunfo histórico: la reconstrucción arquitectónica y la restauración de las obras de arte que alberga la Iglesia de El Triunfo, contigua a la Catedral del Cusco.
Monseñor Alcides Mendoza, arzobispo del- Cusco, y don Alfonso Bustamante, presidente de Telefónica, encabezaron la ceremonia de presentación de las obras.
Después de develar una placa recordatoria la Plaza de Armas del Cusco fue una fiesta. La gélida noche se calentó con el movimiento de alegres danzantes y presentaciones musicales como la protagonizada por el grupo Pachatusán que tocó melodías prehispánicas. A ellos se sumó la escenificación de la fiesta costumbrista incaica Wasichacuy. Más tarde el cielo se encendió con los fuegos artificiales que celebraban el triunfo sobre años de olvido y descuido que afectaron a la catedral cusqueña.
Esta vez las fuerzas de reconstrucción (19 obreros y 14 restauradores) comandadas por los arquitectos Américo Carrillo y Liliana Zaldívar tuvieron como armas a sus pinceles, brochas y su dedicación.
Su campo de acción fueron la refacción de pinturas usando modernas técnicas como los injertos de telas preparadas a base de lino y las reintegraciones cromáticas o repinte de las zonas carentes de color.
Un especial cuidado merecieron los ocho retablos que conforman El Triunfo, entre ellos figuran la del Señor de la Caída, de la Virgen de la Asunción, del Señor de la Sentencia, de la Virgen Dolorosa, de la Santísima Trinidad y la de San Miguel.
La estructura del Altar Mayor exigió a los restauradores una metodología diferente para su recuperación. El hollín y el polvo se habían apoderado de esta obra de arte, opacando su fina cubierta de pan de oro de 18 kilates. Su delicadeza hizo que los restauradores utilizaran desde la saliva humana hasta el amoníaco para recuperarla. El trabajo también consistió en retirar las partes sobrantes (que lucían superpuestas con cemento en las puntas o aristas) para fijarlas con una protección a base de resina sintética que evita la oxidación y el deterioro. El proceso demoró poco más de ocho meses, casi el mismo tiempo que duró el asedio de los españoles en Sunturwasi.
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